macchiato deceptum

Me entran ganas de pan y café, simultáneamente.
Salgo, cierro la puerta con llave y en unos 15 pasos estoy delante de la panadería de Flor.
Entro.
- Hoy... hoy me apetece una barra de mediterranea!
- Pues esa es la que más me gusta a mí... como huele!
- Y de aquí voy a ver a César a por un café... ¿te traigo uno?
- Pues no... yo es que soy más de la cafetería de aquí atrás.
- ... está bien hecho el café de César.
- Ya... pero es que una vez entré allí, y se me atragantó la tostada y le pedí más café...
- ... (ambos pensamos en café)
- Y no quiso. Así que desde entonces sólo lo tomo en el de aquí detrás.
- ... (el olor a pan casi puede oírse)
- Y es que el café de César lleva muy poco café... mitad café... mitad espuma...
- ... (el olor a pan me llena hasta los huesos)
- Todo espuma... ese café...
- ...
- Aunque (aquí hace una pausa de enorme añoranza) a mi me gusta la espuma del café, también...
Aquí se puede ver a Flor, tomando su primer café con espuma, leyendo la palabra macchiato en un viaje figurado a San Remo, mirando las espumas de otros cafés, mientras espera el suyo, espuma de café de hace siglos, de hace años, de hace minutos... hasta que sube los ojos y me da el cambio.
- Adiós Flor...
- Adiós...
Paso por delante del café de César...
Le saludo.
Sigo.
Doy la vuelta a la manzana hasta la cafetería de detrás.
- Buenos días, me pone un café!
Y el olor a pan empieza a llenar todo el espacio, como la espuma.
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