Reina Sofía iluminada

Hace años, entramos en la tienda del Reina Sofía juntos, pero nos separamos nada más cruzar el umbral.
Habíamos hablado por horas, unas horas antes, y unas horas después, cruzamos un umbral para quedarnos callados.
Nos cruzamos, sin umbral, una vez dentro de la tienda. Y ni de reojo me miraste.
Ni de reojo te miré.
En sentido horario recorría yo lo que había detrás del umbral y en sentido antihorario lo recorrías tú.
50% de un reloj invisible que nos arrastraba despacito de 12 a 6.
Y mira que unas horas antes, si que había reojos. Y multiojos. Multipalabras. Multiletras.
De vuelta en la tienda ocurrió un algo fechneriano.
Compré a escondidas lo mismo que tú compraste.
Ni de reojo, ni cuenta, ni de vueltas te percataste de mi acción detrás del umbral.
Y hablamos durante horas, días, semanas, meses, años... y por aquí tengo lo mismo que compraste.
A ratos me he acordado de contarlo y a ratos no.
La revelación de todo este asunto, es que no sabe la mayoría, cuando hacer visible lo invisible.
Contar.
En sentido horario o antihorario.
/
http://snd.sc/zIq58A
