Donamara

Desiderio topó con un balón algo deforme, y empezó con lo de siempre, a buscar dominarlo (probar por probar) una, dos, tres, cuatro, cinco, ¿seis?, ¿siete?, ¿ocho?, ¿nueve?, ¿diez?... aquello era inusual del todo, ya que Desiderio, en la vida había podido dominar ningún objeto redondo (si es que podía llamarse redondez a aquella forma de pera pocha)... ¿once?, ¿doce?, ¿trece?, ¿¿catorce??, ¿¿quince??, ¿¿dieciseis??, ¿diecisiete??, ¿¿dieciocho??, ¿¿diecinueve??, ¿¿veinte??... pero en esta ocasión, una absoluta facultad de dominar el balón (algo deforme) se apoderó de Desiderio, y probó a cambiar de pierna... ¿ventinuno?, ¿¿¿veintidos???, ¿¿¿veintitres???, ¿¿¿veinticuatro???, ¿¿¿veinticinco???, ¿¿¿veintiseis???, ¿¿¿¿veintisiete????, ¿¿¿¿veintiocho????, ¿¿¿¿veintinueve????, ¿¿¿¿treinta????... con la cabeza, los hombros, el pecho, de palomita, la bicicleta sin dejarla caer, toda clase de suertes con aquel balón algo deforme, que si cabe era más complicado de dominar que un rondo poliédrico perfecto... ¿¿¿¿treintayuno????...
¿Se escribe treintayuno o trentaiuno?
Allí dejamos a Desiderio, con su increíble propiedad recién descubierta, completamente inútil, que en otros universos de fútbol de balones aperados le habrían dado fama y riqueza, para dedicarnos a otros menesteres.
Que somos gente muy ocupada.
/
