La narración proverbial
He leído a Auster y a Cortázar durante estos días, fijándome sobre todo en las curiosidades que les rodeaban. Se nota en la escritura.
No por ellos, y quizás estas curiosidades no les rodeaban, sino más bien eran ellas las que les merodeaban.
Un chico subsahariano, que celebra el fin de año en Puerta del Sol, se hace una foto delante de un coche patrulla de la policía. Están todos ocupados controlando que nadie pase botellas a la plaza y éste se solaza a medianoche en que un coche de la policía no le pide los papeles.
A Auster le encantaban las habitaciones de hotel, como a Oliveira.
Y a la Maga directamente le gustaba Auster. Si lo hubiese vivido, claro.
Una chica que va detrás de mi asiento en el tren que me regresa a Madrid, habla por teléfono y le pregunta (vidente) a su interlocutor si cree que ligará esta noche. Ella sabe la pregunta, y se muerde el labio sin que yo lo vea, ya que yo voy delante. Y se ríe y le dice a su amigo al otro lado del teléfono que "ya sabes tú, lo rarita que soy". Todos lo somos, o al menos una parte del tiempo, antes de la medianoche.
Un amigo de Cortázar, pasea por los jardines de su vieja casa en París, estando él ya muerto y enterrado y un hombre con turbante y una pequeña cimitarra se interpone en su camino. Es un robo. Le deja su cámara y su cartera y antes de que huya, el amigo de Cortázar le piropea la cimitarra, el bandido le da la vuelta, la mira, lo mira y se la ofrece a un precio inmejorable. Es mejor un mal negocio que un buen robo.
Una chica llora con su maleta, mientras habla por el móvil con sus amigas que disfrutan en el centro de la plaza. Ella está detrás del camión de un canal de televisión que transmite el final del año. Inmóvil por la marea de gente que quiere entrar y/o salir. El guardia de seguridad se conduele, y le dice que se suba de su mano hasta el techo del camión. Con todo y maleta. Y desde arriba saluda con aspavientos a sus amigas de la plaza y de toda España. Y deja de llorar.
Ahora sólo quedar, besarse, recoger y limpiar.
Y guardar a Auster y Cortázar hasta dentro de un año.
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