Llegados a la cumbre
Se encontraron con un hombre apacible sentado, en un rectángulo con pequeños cilindros de baquelita. Sorbiendo café.
Y digo se encontraron, porque había fila para hacer preguntas al hombre apacible.
Hombre sabio. Con cara de saber. Media cara, al menos.
Y allí estaban, esperando a que acabara el café. El hombre apacible.
Y un poquito impacientes si que estaban, en la fila, porque llevaban un ratillo esperando, y el hombre apacible, nada.
No decía nada el hombre apacible. El condenado.
Y allí estaba. Y estaban.
El hombre apacible con su taza amarilla (gris claro) sentado en un rectángulo (bueno más bien de pie, pero parecía sentado por el efecto macro de la foto). Y los demás, de pie.
Y seguía llegando gente.
Con preguntas en la cabeza.
Montones de preguntas.
Y el hombre apacible, allí, con media cara de saber las respuestas (la otra media cara se la tapaba la taza que sorbía) a todas las preguntas.
Y la fila creciendo. Y las preguntas.
Y si, estaban todos un poquito hartos de esperar al hombre apacible, porque al fin y al cabo, el apacible era él y no ellos.
Bueno todos estaban hartitos, menos el hombre apacible. Que que había estudiado un montón para ser apacible.
Seguro que bebía café cuando estudiaba y de allí le quedó el vicio.
A ver quién le pregunta eso mismo.
Tantas preguntas.
¿Y qué tal todo? (nos preguntamos retóricamente fuera de la foto).
Todo muy tranquilo (mientras observamos la imagen).
Y nadie decía nada.
A ver quién preguntaba algo y se levantaba el hombre apacible, tan tranquilo...
... a por más café.
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