La Coctelera

Swibel

11 Agosto 2009

Perseveranda y el mondadientes

La regla esencial del juego era muy simple: había que tener el palillo en la boca (dentro o colgado de los labios) cuando el contrincante preguntara. Nada más.

Sin embargo el desarrollo del juego era complejo.
Y mucho.

Porque una vez establecido el minuto cero que daba comienzo al juego, las condiciones de tiempo, espacio y circunstancias no tenían límite. Es decir, que un contrincante podía marcharse a las antípodas del mundo, y el palillo en la boca tenía que estar, si se preguntaba por él. Y además podía increparse al jugador, o bien por la tarde, o por la noche, o acaso mañana, o pasado mañana. El palillo tenía que asomar siempre ante la cuestión natural: ¿lo tienes?
Caminando, corriendo, comiendo, bebiendo, durmiendo, el palillo debería estar. Y si no estaba, perdías. Y si perdías, todos los jugadores (con su palillo en la boca) tenían un derecho sobre ti. Una pregunta, una prenda, un castigo.

Un castigo.

***

El juego empezó en 1956.
Los jugadores, en este caso, ellas, eran por estricto orden alfabético: Amelia, Isadora, mi Madre, Natalia y Perseveranda. Anda que no se sabe quién ganó.

Empezaré por mi madre, que me toca de cerca. Abandonó en 1963. No por cansancio, ni porque el palillo se le deshiciera en la boca, sino por culpa de un novedoso chicle de la época. Cherrygum. Se distrajo e hizo la bola del lado equivocado. Y aquello se convirtió en un ChupaChups inverso y no pudo con ello. Intentó cambiarlo por uno nuevo, pero después de tanto tiempo, sus contrincantes ya tenían bien etiquetados cada palillo en liza. La pilló Isadora, justo después de la merienda.

Ya no era habitual el preguntar a todas horas, sino que habían desarrollado un instinto casi probabilístico en cual lanzar los dados y decir: “¿lo tienes?. Pues no. Una menos, entonces.

Sin embargo no fue mi madre la primera en perder, Amelia lo hizo antes, al final del mismo año 56. Se lo tragó sin querer. Y lo pasó mal después. La descubrió mi madre y las demás celebraron con la boca piñonera, no se les fuese a caer a ellas el palillo, en la primera celebración.

En el 69 se le cayó de los labios a Natalia. El novio. Que vergüenza. Pero lo pasó bien después. Fue Perseveranda la que la pilló. Un beso y preguntar fue todo la misma cosa.

Con todas derrotadas, cabe preguntarse si Perseveranda siguió con el palillo en la boca, ya por hábito o mala costumbre.

Al parecer nunca se supo. Se mudó de ciudad, de tiempo, pero puede que no de juego.

Puede que a esta horas ande Perseveranda con el palillo en la boca evitando el castigo que se impondría a sí misma.

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