Ajeno
Por calles conocidas y otras recónditas...
Mientras bebo una caña, entra el dueño del local de al lado y pide hielo prestado al chico de la barra. Pero antes de que le digan nada, pide disculpas por ser tan coñazo y venir a pedir hielo todas las noches de la semana. Que el viernes le llega, dice. El chico de la barra, le contesta que lo que es un coñazo es que dé el coñazo pensando que es un coñazo pedirle hielo. Que pida!, que pida!... que si no tiene él se lo dirá.
Y se rompe el hielo, coño.
Mientras como pizza de la buena, sentado en la calle dentro de un grupo de completos desconocidos, una rumana que reparte flyers se sienta entre otros dos desconocidos cercanos. Yo miro la escena e incluso la escucho. Una chica de rizos, lo mismo que yo: escucha. Pero ella si es conocida dentro del grupo de desconocidos. Los chicos le hacen un hueco a la rumana y empieza el ataque. La rutina de siempre. Tan previsible, que dejo de escuchar, y observo a la rizos que observa a la rumana que cuenta su historia. Sin embargo la chica empieza a contar en otro tono las cosas. Habla de sus días, no de sus noches. De la fiesta que hizo la semana pasada en su casa y que a la 1 ya los vecinos se quejaban, pero dice que como saben que son rumanos tampoco han insistido mucho. Ya sabes, la fama por la que nos conocen. Y los chicos se quedan callados, y la rizos abre la boca y yo acabo mi pizza y me levanto. Hago una foto del conjunto y me voy.
Desconocida, que se conoce y vuelve a ser desconocida.
Cruzando el paso de cebra, la chica de una pareja dice en voz alta: "y el bebe ha nacido pelirrojo... PELIRROJO"... y todo el paso de cebra se monta una historia. Y me subo a la cebra. Me subo a la acera.
Los pelirrojos no existen desde hace tiempo.
En una esquina, una camarera le hace señas desde la puerta de su bar a otro camarero que también está a la puerta de su bar. Se ríen, y parece que realmente conversan. Los bares están sorprendentemente lejos y me quedo un rato observando la conversación. Se quieren. Se tienen cariño. No son bares lo que hay detrás. Son ventanas.
La cinestecia, cuando las palabras saben o son colores. Cuando los colores de las manos, del delantal, son sónicas.
Entro en el último bar y me confunden con un cliente asiduo, me preguntan que qué tal, al tiempo que me ponen las mejores aceitunas negras con cebolla que haya visto en la vida, me lo pienso dos segundos y digo que todo va como siempre. Que qué putada el calor que hace en Madrid, y me sirven una jarra de cerveza sin pedirla. Me llamo Julio y soy cubano.
Lo que pague por la jarra de cerveza, y por todo lo demás, ya no me importa.
Todo me es ajeno, hasta el final.
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naide corrige a nadie dijo
hmmm... juraría que cinestecia se escribía de otra manera.
ya puestos, a mi me SUENA MEJOR "cinestencia".
28 Julio 2009 | 11:56 AM