Mojarse
Voy sofocado, sobre la bici, a una hora inadecuada, son las 17:00 horas y aún queda una trecho largo de regreso a casa. Las piernas no dan más y mi piel brilla junto con el sol que acompaña.
La situación es un pequeño drama sobre el carril bici.
En la lontananza no se ve ningún ciclista. Ni a un millón de kilómetros a la redonda. Y es lógico: a esa hora los ciclistas están bebiendo agua, o haciendo chorrear una jugosa fruta al moderla, o tumbados en un sofá, o en la hierba de un parque recién regado. Mojados por dentro y por fuera.
Y entonces, sin saber ni como,... llueve.
Grandes gotas empiezan a caer. Sobre el ardiente carril, sobre mi bici, mi cuerpo, mi cabeza... caen grandes gotas de agua. Y cada una es un alfiler inverso.
Llueve y me acuerdo de Linyutan, y sus momentos felices. Y como no se hacer otra cosa, hago una foto a la calzada, allí donde como decía mi abuela; pelean el diablo y la diabla.
Cuando llueve a la vez que hace sol.
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M dijo
Acá se dice que se casa una Vieja, mire usté.
1 Junio 2009 | 05:55 PM