El carnicero
Lo ha dejado.
Lo ha guardado en su corazón, muy dentro. Tal y como era, cuando estaba en el sofá atento a ella.
Y aunque es muy reciente todo, se ve rehecha. La veo rehecha. Mientras estiro mis piernas por debajo de la mesa, buscando el asiento del otro lado, y ella juega con sus pies descalzos sobre la alfombra.
Me cuenta, que nunca perdió el contacto con un chico al que siempre tuvo mucho cariño. El carnicero del pueblo de su madre.
Y me cuenta una historia fantástica sobre ese chico carnicero. De cómo estuvo a las puertas de todo, y lo abandonó para volver a la carnicería del pueblo. Y ella que atravesó todas esas puertas, cuenta con él.
Ahora cuenta con él.
Le llamará mañana por teléfono para ponerse al día. Para elegir costillar, falda, lomo y ossobuco.
Es saludable tener un carnicero al cuál confiarse. Al cuál entregarse al regresar de todo. Al volver al pueblo. Después de guardar las cositas y salir a la calle, respirar el salitre que viene del mar, y enrumbar camino del carnicero.
Y pedir un buen filetón.
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burma dijo
que bunito...
29 Mayo 2009 | 08:05 PM