La Coctelera

20 Abril 2009

De Porco Rosso a Tekkonkinkreet



Seguimos paseando por la lista de Animarse en 30 pasos.
Pero antes un breve comentario.
Me cuesta un poco no entrar a valorar por público, la lista (ya cerrada) que nos lleva en volandas sobre la silla. Obviamente, una escala por edades, es lo que se suele utilizar para decir: "esta pa´más pequeñines, esta pa´mayores". O simple y llanamente, indicar contenido emocional adulto o contenido emocional pequeño. Pero en uno u otro sentido, no se logra explicar si una película es adecuada dentro de un marco de edades. De experiencias. De Comprensión.

De los tres títulos de esta entrada, el primero (Porco Rosso) está visto repetidamente por los tres hasta tener un mesa redonda con todo lo que representa, y nos vuelve por igual niños o mayores. El segundo título (Kirikú y las Bestias Salvajes) la hemos devorado unas pocas veces sin mayor trascendencia y sin dificultad para engancharnos en las historias que se cuentan. Y el tercero consumido exclusivamente por mí, ya que pasarán muchos años para que a&p puedan ver Tekkonkinkreet, pero a pesar de la violencia, ideas y complejidad allí mostradas; esta película va de la mano con el espíritu de asombrar y de asomar la breve posibilidad de dejarte sin aliento (como a veces ocurre con las otras 29).
Al final, he decidido olvidarme de valorar nada luego de contar lo que he contado. Mejor verlas primero y decidir si hay que evangelizar al personal.
A los que ya las han visto, van estos momentos.
Y regresar.

4. Porco Rosso.

Vaya nervios. Hablar de algo que te gusta tanto. Hacer crecer tanto las expectativas que no quede nada para nadie. Pero es que algo ha pasado con esta peli que no nos cansa a ninguno de los tres. Que tenga una estructura tal, que escena tras escena, todo sea revisitable. Que la pilles empezada y no importe. Que saltes en un momento determinado. Y vuelvas a saltar. Y pasen los días y vuelvas a saltar. La historia va de un cerdo volador (en un hidroavión) cazarrecompensas de piratas del aire. El cerdo va y viene, con su avión y por su avión se sostiene la historia. Así como éste en el aire. Los secundarios cautivan tanto como Porco, y por ello, todo queda a su nivel. Nivel aéreo. Y que entre otras, tiene una de las peleas de aviones en el cielo más emocionantes que se hayan contado nunca.
Por ser Porco Rosso, no he podido resumirlo en tres fotogramas. Añadimos tres más, y que conste que me he dejado otros seis fuera.

Esta imagen, es lo primero que leyó Advertising en una película. A ver. Leer, no leyó nada. Simplemente dijo: Por-co-ro-sso-Ma-ma-iu-to. Y señaló las flechas. Ahí quedó la muesca. Y la emoción, claro. En contrapartida, mi madre dice que lo primero que leí en una película fue la palabra: col-ga-te. Así nos va por generaciones.

El combate entre Curtis y Porco, es algo extraordinario para Publicity. Se nota cómo masca la tensión mientras se inclina la balanza por uno o por otro. Ese encuentro son de las cosas que sólo se ven una vez en la vida. Usted puede verlo cien veces, si lo desea. Como nosotros.

No diré mucho de esta imagen que me entristece y me alegra a la vez. Es una metáfora, sin más.

Luego de ver ésto, Advertising suele pedir tiempo, taima, y que repitamos la foto. Pasa todo tan deprisa que cuesta pillarlo.

Para Publicity, lo que viene a continuación de este punto son cinco minutos de risas de las buenas. Sobre todo porque Porco Rosso se sale de su línea habitual y aquí la que manda es la chica, Fío.

Finalmente, una escena genial: Porco y su amigo Ferrari conversando en el cine mientras ven una película de animación, que va de un cerdo que vuela en un avión. Hay recurrencia, un diálogo perfecto y una cancioncilla de fondo extraordinaria. Si alguien desmantelara todo el largometraje y lo convirtiera en un corto, yo apostaría llanamente por esos cuatro minutos dentro del cinema.

5. Kirikú y las Bestias Salvajes.

Esta es la secuela de Kirikú y la Bruja (muy recomendable también) en la que ahora se enfrentan a una serie de retos marcados por la fauna africana. Para nosotros, ésta fue la primera que vimos, y por lo tanto la que nos cautivó. Según avanzábamos en la historia, nos iba gustando más, más, más, más y mucho más. El color se iba adentrando más. La sensación de que todo iba siempre a mejor y de bienestar iba en aumento. Es buena idea ver esta peli comiendo piña y uvas sin semillas. O palomitas. Lo mismo da. Kirikú siempre te salva. Y aunque es un poco pagado de sí mismo (autoconfianza a mares) al final te acostumbras a que sea tan sabio, tan rápido y tan gueno.

Advertising, siempre en las alturas, prefiere la jirafa. Y además, justo en el minuto siguiente está el problema más complicado a resolver por Kirikú. Vamos, Mc Giver con jirafa.

De todas las historias, Publicity, sigue dando palmas en esta parte... y a la pregunta de Kirikú, ¿qué animal es éste que camina con tres patas?... parece que nunca se descubre. O si.

Cuando Kirikú y su madre pasan la noche cociendo las vasijas de barro, presenciamos unas de las charlas más bonitas que pueden tener madre e hijo. ¿Adivináis quién se duerme y quién cuida a quién? Quien ya ha visto este fotograma sabe lo que quiero decir.

6. Tekkonkinkreet.

Palabras mayores. En el futuro, cuando a&p hayan podido verla os contaré cuáles son sus fotogramas emociónicos. Por ahora usaré a sus protagonistas (Blanco y Negro) para marcar aquello que me ha superado. Tres momentos de White y tres momentos de Black. Eso, y sugerir que se vea con subtítulos, ya que está en inglés y hacen muchos juegos de palabras con sus nombres y los colores. Visualmente es impresionante la cantidad de elementos que hay en las panorámicas o tomas generales, y que se dejan allí abandonados, para mirarlos por partes una segunda vez. Y una tercera. A ver quién ha visto una Betty Boop en graffitti dentro de la ciudad animada. Sutileza en las escenas. Paralelismo en las ideas. Y un guión muy bien tramado que esconde joyas como estas: "¿Qué tiene el fuego?, tan calmado y tranquilo... pero por dentro, es todo poder y destrucción. Está escondiendo algo. Igual que la gente. A veces tienes que acercarte, para ver qué hay adentro. A veces tienes que quemarte, para ver la verdad." Imposible quedarse indiferente durante los 111 minutos que conviven con nosotros.

En este principio, White es como el guardia que te revisa y te deja pasar sólo y desarmado, y luego da al play de la música... ¿Qué tiene el fuego...?

Black, observa su ciudad... y un vértigo.

Aquí. Justo aquí, la película revela su secreto: son dos mazos de cartas, opuestos; uno violento, inaccesible, innecesario, rojo y el otro confortable, colorido, suave, blanco también, que entonces se entremezclan perfectamente al sonido de un "trrrrrrrrrrr" de cartas bien barajadas.

Black, es observado por mí... y otro vértigo.

En este punto, sobre un vagón del tren, White te sacude muy despacio. Porque en mi opinión, acontecen los cinco minutos más impredecibles de la historia.

Black, por una vez, no mira ni es mirado. Es él y nadie más.

***

Ningún momento aquí contado es referente. Ni referencia. Sólo indicaciones en voz alta, completamente subjetivas. Acaso todos tengamos momentos comunes o distintos. Y queda siempre la curiosidad de cuál es el momento de cada quién, si los hubiera.
Y si importara mencionarlos.

Próximas películas:
Kiki´s delivery service (Nicky la aprendiz de bruja)
Peter Pan (Pedro Chapatta)
Daft Punk - Interstella 5555 (El que no flipe con esto...)

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