La Coctelera

17 Abril 2009

Kiritabi y el Schrödinger emocional

Según lo iba dibujando, se aclaraba. Pero entonces, la forma de explicarlo se hacía cada vez más compleja.
Kiritabi es el primer lugar del planeta en donde se celebra el fin de año. Por lo tanto el primer lugar en el que un día amanece. Es decir que por un segundo, para todas las ciudades que vienen por detrás: Kiritabi es el futuro.
Ahora olvidemos Kiritabi y pensemos en una persona que vive en Kiritabi. La persona del futuro.
Un ser del futuro que existe ahora.
Bien.
Ahora pongamos a alguien en sus antípodas. En las antípodas del hombre del futuro.
Doce horas más tarde. O doce horas después.
Justo a la medianoche, el ser del futuro, aquel que habita en Kiritabi, por un segundo puede jugar al juego de ser el primero y ser el último, ya que con dar un paso salta del primer puesto al último en el cartógrafo redondeado.
Pasado, futuro, aquí, allí, ayer, mañana...
En ese justo momento, el otro que está en sus antípodas, es pasado y futuro al mismo tiempo. O alternativamente. Ahora me ves, ahora me verás, ahora me veías.
En ese preciso momento, el allí es el ayer, o el aquí es mi mañana.
Una conjugación extraña de tiempo y espacio.

Ahora bien...
Todos tenemos nuestro Kiritabi... y tenemos la propiedad de poner en el futuro o en el pasado a aquel que está en nuestras antípodas.
A antojo. A gusto. A ganas.

Los seres del futuro están aquí, y ahora. Y los trajinamos sin descanso.
Y viven en nuestro propio Kiritabi emocional, hasta que un día abrimos la caja y descubrimos que no están.

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