Cuento chinos en New York

Ella llega a New York y sus ojos negros van danzando al MoMA, y entonces...
Escenario 1.-
Un chino artista, criminal o algo menor a criminal, entra en una prisión china y se rapa el pelo. Se queda calvo. A partir de entonces, todos los días se hace una foto dentro de la prisión. Todos los días. Y entonces pasan todos los días de su condena, y en vez de rayas en la pared acumula clics en un obturador. Sale de prisión con todas las fotos, el pelo largo y una enorme deuda con el carcelero fotógrafo. Sale de la jaula con todos sus días argentinados sobre papel de fotografía y se va al MoMa de Nui York, donde recrean su prisión y ponen una foto al lado de otra por toda la sala. El chino calvo que se vuelve un Rolling Stone dentro de la cárcel.
Escenario 2.-
Por el Chinatown de Nueva York, va caminando y le entran ganas. Ganas de mear. Hay tiendas, mezcladas con resturantes. Todo es muy escénico y decenas de chinos intentan arrastrarte educádamente hasta su local comercial. Pero está que se mea. Y entra a un restaurante chino, y cuando va directo al servicio, buscando por instinto cuál será la puerta correcta, sale una china de no se sabe muy bien dónde y le dice que el servicio es para los clientes. Ella que es rápida de pensamiento y palabra, le dice: "Pero si yo soy cliente". Ambas giran la cabeza y miran el salón-comedor que está repleto, exclusivamente de... chinos.
Escenario 3.-
Ya ha visto todo lo que hay que ver. Adiós Nueva Yol. Ahí te quedas. Una pareja de gitanos modernos espera delante en el mostrador de facturación. Van cargados de cadenas de oro. Ella Mari y el Jose. Siguiente. Pasaporte, por favor. Jose sube la maleta a la báscula. Una rubia habla desde el mostrador. No hablan Newyorense, así que no se están enterando, ni el Jose ni la Mari que la rubia de dos metros del mostrador les informa que la maleta tiene sobrepeso. Que se ha pasado 8 kilos y que si la quiere facturar tiene que pagar 150 dólares o quitarle cositas. Jose no se entera y le dice en perfecto español: "¿pero qué pasa aquí?". La rubia le hace señales para que quite la maleta y le escribe en un papel un número: 150. Que pase el siguente. Pero Jose, irredento, dice mientras baja la maleta: "¿cientocincuenta qué?, vamoavé, quenome estoy enterando de na!, si es que parece que hable en chino, la rubia". Siguiente. Pasaporte, por favor. La Mari sube la misma maleta a la báscula.
...regresa, agotada pero contenta de haber visitado China sobre la costa atlántica.
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ika dijo
Conglatulasions por estar tu blog en los lecomendados.
Me has heco leilme mucho!, calcajada y calcajada.
8 Abril 2009 | 03:58 PM