La sombrilla de Constantiniu
Desde hace tres años, paso todas las tardes con mi coche delante de un edificio consular, y siempre, pero siempre está... él.
Sea cual sea la estación del año, allí está.
Admirable! - pienso casi siempre.
Un santón ortodoxo que seguramente habla búlgaro o rumano y que inexcusablemente se le puede hallar en ese punto.
También sucede, que no logro detenerme el tiempo suficiente para saber a ciencia cierta qué hace.
Ignoro si da consejo, pide limosna, da ejemplo o simplemente cumple algo así como una promesa santa. No atisbo si es algo personal o un mandato de alguien superior.
Y siempre en ese punto.
Ayer, mirándole atentamente, pensé que si él supiera que puedo dar testimonio de que siempre ha estado allí, durante todos estos días, todos estos meses, todos estos años, incansable, con sombrilla o sin ella, seguramente se sentiría orgulloso. O digno. O al menos validado por alguien que le observa.
Alguien que diera fe de estar en ese lugar día tras día durante estos tres años.
Y le hice una foto.
Y entonces caí en cuenta, de que tal homenaje es del todo innecesario. Y que vale lo mismo para él, que si se levantara de repente, dejara su sombrilla, viniera hasta el semáforo y me dijera sorprendido; que soy muy fervoroso (y continuista) por pasar todos los días con mi coche, por ese mismo punto.
Y que ignora en lo que creo.
/

M dijo
Usté sabe que pensaba en eso.
Imaginé la escena donde usté va, se le acerca, lo saluda amable y respetuosamente, y como gran homenaje, le entrega la foto y con sentidas palabras le explica que alguien, en este caso, usté, claro está, lo tiene en cuenta.
Y él, entre sorprendido y risueño, le entrega una foto que le sacó a usté.
Pero bue.
2 Abril 2009 | 12:49 AM