Madrid furiosa de frío

Se marcha de Madrid, porque el frío le rompe los dedos.
Madrid se enfada.
Y ella también.
Cuando se equivoca es donde suele caer la bola.
En sus dedos.
Madrid furiosa, se expande de frío.
Y ella se contrae. Tirita. Se oxida.
Y cuando lava los platos, el jabón le hace maldecir.
Y pensar en otra ciudad sin aranceles.
Así que se sube un poco, porque está harta.
Allí, donde hace más frío todavía, pero se está más a gusto.
Madrid rabiosa, le desborda sin jersey.
Se va donde no se agobie tanto.
Sin tanto tráfico, sin el desánimo que le ha invadido, sin tanto griterío, o tanto smog.
Se marcha de una Madrid furiosa de frío y deja huérfano a su semáforo.
Se lo quedará cualquiera.
Cualquiera dispuesto a pagar un arancel muy frío y altivo.
Romperse los dedos, y romper a llorar cuando lave los platos.
- Acuérdate de mí.
- Faltaría más.
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