Panamericana

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El coche surca un océano de asfalto a la tercera parte de la velocidad del sonido.
Es azul marino con los bordes redondeados.
Visto lateralmente, desde los cañaverales de azúcar, se parece al pod de Luke Skywalker surcando el desierto en Tatooine.
Cualquiera que cortara en ese momento caña de azúcar diría: "Mira, ahí va luke..."
Pero no.
No son cañaverales, ni hay nadie cerca con un machete.
Y si hubiera alguien (uno cualquiera) colocado lateralmente para ver la escena, sería fan de Star Trek. No de Star Wars.
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El coche surca un océano de asfalto a la tercera parte de la velocidad del sonido.
Es azul marino con los bordes redondeados.
Visto cenitalmente, desde las nubes de azúcar, se parece a la nave del King Quest. Juego de aventura.
Cualquiera que volara cenitalmente en ese preciso momento, diría: "Mira... ahí va el héroe del King Quest".
Pero no.
No vuela Benjamín Franklin desde una cometa mirando desde el Cenit. Porque no es el King Quest, sino el Day of Tentacle. De Lucas Arts. De los creadores de Starwars.
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El coche surca un océano de asfalto a la tercera parte de la velocidad del sonido.
Es azul marino con los bordes redondeados.
Le gusta conducir, porque hacerlo le da control.
Me dice, mientras sujeta con fuerza el volante:
- En esta vida definitivamente, no hay que parecer ni muy tonto, ni muy listo-, y cierra la boca.
- Dícelo a Stephen Hawkins-, le respondo mirando al relativo océano de asfalto que pasa por debajo de nosotros a un tercio de la velocidad de la luz.
Sólo se salva porque es fan de Star Trek.
Stephen, claro.
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