No los venden en ninguna parte

Muerdo el tercer montadito, en un bar de esos con muchas mesas bajas y bancos unipersonales bajitos. De los que te pides un montadito en una hoja de papel que adorna el centro de la mesa.
Va caminando haciendo zigzags entre las mesas, casi saltando.
Pero lo de saltar es casi imperceptible.
Desliza el canto de la mano derecha por el filo de todas las mesas que le quedan a mano.
Subrepticiamente, coge un boli y lo guarda en su bolsillo.
Levanta la vista y me mira.
Se sonríe y se averguenza un poco por el fallo.
La han cazado.
Se acerca despacio a mi mesa
Instintivamente cojo el móvil que reposa al lado del servilletero. Lo hubiera hecho con cualquiera que se acercase a esa distancia.
Se sienta en mi mesa, pero aleja bastante más de lo normal el banco de madera.
Me dice: "No es que lo esté robando, ¿sabes?, es que es el mejor boli del mundo para hacer retratos en papel reciclado..."
No digo nada.
Continua: "Con la misma facilidad que suelo perderlos, vengo aquí y cojo uno. Así que hay algo de justicia divina en todo esto, ¿no crees?"
Se levanta y se marcha sin girar la cabeza.
Y yo pienso en Robin Hood y que de seguir así este bar se llamará 10 montaditos, en lugar de 100.
/


encontrada dijo
pues pinta bien el bar, no hay ninguno de esos por aquí, bolígrafos menos, claro. Besos
18 Diciembre 2008 | 12:31 PM