Elsa Grave y la chapa de los botes de refresco
no son una gran coincidencia;
es la realidad hiperforzada.
Desde hace varias semanas guardo en la mochila de paseo un pequeño tesoro descubierto en un parque-barco del Retiro. En Madrid.
Es este:

Y aunque al verlo y recogerlo con cuidado, he reprimido un ¡oh! de asombro debido a que estaba a otros menesteres, he guardado la vieja y sucia chapa en el bolsillo más recóndito de la mochila de paseo. Y en el más cercano de mi cabeza.
y cosas rotas, ¡no lo comprendí hasta hoy!
Un espejo roto
y la hierba pisoteada.
De pequeño, en las plazas y parques de otras ciudades, yo jugaba con decenas de chapas como ésta. Era el antiguo modo/mecanismo de tapar/destapar los botes de refresco. Un día alguien me enseñó que desgajando la hojalata con forma de lágrima del aro e incrustándolo en sus resquicios, podías hacer volar el aro como un ovni pequeñito. Y batallar mil veces en un patio o parque sin descanso. Abatir al enemigo o caer fulminado.
son basuras
(...)
y al ver esas basuras
me parece
ver por fin la prueba
de que no existe
un poder supremo
bondadoso
y que
no se hacen basuras
de la ausencia.
Un ovni pequeñito es lo que he encontrado en un parque del Retiro.
Se busca la hojalata que lo saque de órbita, como mínimo.
Poco más.
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