Dormir
Agotado, con la Cuesta (de San Vicente) a la espalda, me tumbé en la hierba. Eso que llaman los Jardines de Sabatinni, pero afortunadamente sin novios.
Y cerré los ojos y me dormí. Brevemente, me dormí por completo.
Mientras dormía, sin razón alguna, caí en el triste hecho de que nunca me han besado en Madrid. A excepción de una vez, ...y no fue en la boca.
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