La Coctelera

Swibel

17 Octubre 2008

Habitación, se alquila

Hace algunos años, muy largo de contar los motivos, que regento una pequeña pensión de estudiantes en el centro de Madrid. Al lado del Palacio Real. Y al lado de un chino que vende los plátanos muy caros. Cuando le preguntas (al chino) que polque están tan caros (los plátanos), el te responde tan ancho que si no te gusta no los compres. Y que si, que es cierto, que son caros.
Volviendo al centro del asunto, dos o tres veces por semana me bajo hasta la almendra de la ciudad, rebusco entre mis bolsillos hasta encontrar dos pequeñas llaves que guardo siempre conmigo y entro a la finca centenaria que acoge a mis diversos inquilinos. Una vez dentro del caserón, suelo cambiarme en un pequeño aseo, de esos que tienen el lavabo, la ducha y el water todos tan próximos, que casi están uno encima uno del otro, como unas barajas mál ordenadas; y empieza mi transformación a encargado de pensión estudiantil; abocado a lo que muchas veces son los 60 minutos más interesantes del día o de la semana. Normalmente, y según mi ánimo y el tipo de día, salgo del aseo con un atuendo que busca por encima de todo la comodidad absoluta; pantuflas de cuadros, un albornoz ligero de color terracota, vistiendo por debajo una camiseta de ron Pampero "El sabor ancestral" y un chandal viejo con un agujero en cada rodilla. Pequeños (los agujeros), eso si. Directamente suelo dirigirme al pequeño y confortable salón, que permite observar todo cuanto sucede en el pasillo de la entrada de casa. Así que tiendo una manta vieja y desgarrada sobre un sofá de cuero resbaloso y me tumbo plácidamente con un crucigrama a medio hacer y a mi lado, por si surge el aburrimiento sigilosamente, una revista de tecnología de hace 7 ó 8 años; con Aquello que contaba toda la historia previa al estallido de la burbuja de internet. B2B, B2C, C2C y esas mandangas que ahora se reducen a gestionar el ladrillo con gusto y regusto. Los bricks de "estos lodos" del alquiler estudiantil.

Durante ese tiempo que estoy en la pensión, suelen acudir a mi, cada uno de los inquilinos con diversas preocupaciones y dudas, las cuales con paciencia y muy despacio voy solucionando con absoluta racionalidad. Y recomendando sobre todo, no comprar nunca los plátanos del chino. Todo ello sin desprenderme de mi crucigrama y cogiendo de vez en cuando, de un improvisado aparador de postales, algún mapa sobre el cual hacer una exacta indicación de dónde comer o acudir en Madrid en busca de ocio o de costo. Que de todo hay que saber.

También se da la especial circunstancia de que a veces se alquilan una de las habitaciones, y entonces concurre un desfile de nacionalidades, personalidades y conjuras emocionales en busca de un colchón de larga duración, de un microondas que reconforte la cabeza por largas temporadas y de un ambiente de sano equilibrio que sólo puede proporcionar mi presencia durante 60 minutos al día, tres veces por semana. Preguntas curiosas, palabras en otros idiomas que se pronuncian más alto a ver si se comprenden, miradas rápidas a mi crucigrama, tentación de resolverlo mientras hablan las dos partes. Un microcosmos muy curioso en el que caben nombres como Kampas Karampelas, venido de Grecia con novia y buscando una habitación para dos. Pero no, aquí sólo vamos de uno en uno. Como en el crucigrama.

Acabada la jornada, recojo la vieja manta raída, doblo mi infinito crucigrama y entro de nuevo al aseo para salir vestido como siempre, raudo y veloz hacia la normalidad más cotidiana y por desgracia, una vida depurada que no es ni remotamente tan excitante como aquellas horas que se pasan divinamente apoltronado como un reluciente gerente de un pequeña pensión del centro de Madrid.

Por cierto, no se si lo he mencionado: se alquila habitación.

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servido por swibel 3 comentarios compártelo

3 comentarios · Escribe aquí tu comentario

Eride

Eride dijo

Aguafiestas. Un crucigrama mola más entre dos. Uno lo intenta resolver y el otro le fastidia cuanto puede.

17 Octubre 2008 | 11:54 AM

encontrada

encontrada dijo

Muy bonito, un poco surrealista, un poco con aroma a viejo caserón. La imagen, digo. Un beso

17 Octubre 2008 | 02:50 PM

co-coctelera

co-coctelera dijo

Cuando describías tu indumentaria de casero me ha venido a la mente la imangen del "Señor Barragán", recuerdas? el del programa "No te rías que es peor"
Saludos.

21 Noviembre 2008 | 11:06 AM

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