La silla
Si.
Caminábamos por la plaza de San Andrés y vimos la silla. Nos acercamos, miramos a los lados, nos aseguramos que no era de nadie. ¿de quién iba a ser? La levantamos, primero con la mirada y luego con las manos. Imaginamos que la llevábamos por decenas de calles hasta la casa. Nos sentamos, la agitamos, la imaginamos en su casa anterior. La zarandeamos, la golpeamos suavemente, la imaginamos pintada de acrílicos. La silla nos miraba, con menos polvo en la cabeza que en las patas, y se imaginaba feliz, con o sin cojín en su nueva habitación o salón.
La dejamos.
Una silla que imagina ya no es una silla.
Nos alejamos, pensando en ella. Pensando en volver, pero la dejamos. Con todas las posibilidades futuras y los acontecimientos pasados en su espaldar. La dejamos y continuamos el paseo. Ahora sin la silla en la cabeza, hasta separarnos.
Nos dejamos.
Aquí acaba la primera parte, y empieza la segunda...
Lla.
Al borde de la medianoche, detrás del camión de la basura, voy callejeando despacio con el coche por avenidas estrechas y rebosantes de adoquines. Todos (los adoquines) murmuran: “¡No vas a llegar!”, "¡No debiste dejarla sola!"... acelero, el justo cruce, el justo segundo para ponerme por delante del camión traga-contenedores, marcar el intermitente, abrir la puerta, sin apagar el motor, imaginar la silla, la silla imaginando, abrir el maletero y guardar la silla dentro del coche en marcha. Sentarme dentro.
Y llevarla a casa.
A casa.
Aquí acaba la segunda parte, y empieza la tercera...
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lacrisalida dijo
YYYYYYYYYYYY??? ME ENCANTO!
SUSPENSOOOOOOOOOOOOOOOO"!!!
ACCIONNNNNNNNNNNN!!
MIL BESITOS
18 Septiembre 2008 | 01:51 AM