Pequeños dioses
Sin abandonarme a mí mismo, es lo que pensaba al verlos dormir (en lo simple y lo complejo) mientras la brisa de la noche refrescaba Barcelona y a mi desvencijada escalera de creencias.
A quien más, sino a ellos. Después de todo tampoco es una cosa que vaya más allá de reír o lamentar lo que hacen. Besarlos o serles indiferentes.
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nadie tiene fe dijo
Ud. bien sabe que en cuestiones de religión el tamaño no importa.
La fe mueve montañas de carne.
14 Agosto 2008 | 10:04 AM