Historias frente al refrigerador (o aquello de la cara de Santiago)
Tiran (y tiro) de muchos hilos del pasado, en los últimos días.
Cumpledécadas, cumplelustros, cumpleaños, cumplesemanas.
Y yo sólo me quedo, con ese abrir de la nevera de la casa de mi abuela, después de correr por la vereda y escapando del calor asfixiante de la tarde y de los juegos.
Y la voz de la mia abuela, advirtiéndome (¿riéndose?) que se me iba a desfigurar la mitad de la cara, al abrir el congelador de golpe estando tan sudado.
Tal y como le ocurrió al primo Santiago, según las historias de mesa del abuelo Nacho.
Aunque Santiago siempre tuvo la cara como la de cualquier otro de los que corrían por la vereda.
!Madremía!, revelación...
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