Chica con boina

Después de dar una vuelta bajo los linos en el cruce que sale de la estación central, me despedí con la sensación de haberme equivocado. No una equivocación grande, sino esa sensación que no es de haber dicho algo incorrecto, sino de haberse ahorrado alguna contundencia.
Me metí en el museo buscando algo de calor y lo encontré. Me senté en la entrada, sobre cojines grises, mirando la gente que entraba y salía de las salas de exposiciones situadas a diferentes alturas. Zille, decía por todas partes.
Zille, Zille, Zille.
Después de calentarme un poco, decidí entrar en la librería, mirar postales, ojear y hojear los cuentos de niños y los comics, ya que nada podía hacer con los libros. También, me podía permitir jugar con los lápices de colores que dejan desabrochados para que el público los pruebe. En el papel gratuito alguien había dibujado muy deprisa la ilustración de arriba.
Salí de la librería y busqué la cafetería.
Había comprendido lo que me había dejado dentro.
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Olé dijo
A veces las cosas hablan y hace que todo gire a nuestro alrededor para algo concreto, ¿no?.
20 Abril 2008 | 09:49 AM