La Coctelera

Swibel

27 Febrero 2008

Un huevo, un corazón, un nieto, una gallina, una abuela, un céntimo

Puntual acude al cementerio para llevar flores a su abuela.
(Mi bisabuela)

Tal y como me lo cuentan, me lo creo, porque conozco tan pocas historias sobre mi padre cuando era pequeño que me hago el propósito de creerlo por algo más que la fluorescente fe.

Clara.
Tenía mi padre una gallina que ponía un huevo todos los días. Todos los días iba al mercado y vendía el huevo.
Digamos que le daban un céntimo por el dichoso huevo de la próspera gallina.
Todos los días.
Y con eso iba tirando.
Ahorrando.
Para comprarse una cuna y una tumba.

Yema.
Es elemental que si mi padre vendía el huevo, por lo tanto no lo comía. Y bendito el antojo que tenía de comer un huevo. Según se acumulaban días sobre su espalda, y sobre la espalda de la gallina, mi padre sentía crecer el apetito por comer un huevo. Un huevo, un solo huevo. Uno solo. Un huevo. Un huevo.
Pero no podía.
El céntimo era mucho céntimo.

Fuego.
- Anda abuelita, cómprame el huevo y házmelo para desayunar.
- Que listo mi niño. Pero no.
- Anda ´buelitaaaaa, cómprame un huevo. Sólo uno. Sólo hoy. Esta mañana.
- Anda ya!
- Andaaaaaaaaaaaaaa! Sólo uno!!! Un huevito.
- Puf.
- Buu.
- Venga, dame ese huevo.
- Te va a costar un céntimo.

Sartén.
Nunca puede precisarse cuándo vas a recordar por siempre un desayuno. Cuál va a ser esa mañana. Quién será el protagonista. Cuánto durará esa sensación. Nunca puede precisarse si aquello es histórico o trivial. Cuántas bocas contaran de lazo a lazo, un acto tan sencillo como freir un huevo.
Cascar la cáscara, dejarlo caer, primero clara, luego en el centro la yema. Blanco, naranja sobre fondo negro. Chisporroteo, olor a huevo frito. Borde tostado, blanco consistente, amarillo perfecto.

Plato.
Servido está.
Ñam, ñam, ñam, ñam.
Gracias abuelita, eres la mejor.
Tú si que eres el mejor.
No tú.
Tú.
Tú.
Tururú.

Mesa recogida.
Pasan los días, las personas, las gentes, los compromisos, los bienqueridos... y la abuela es la única persona que conquistó un corazón rocoso a cambio de, digamos, un céntimo.

Y por algo más fluorescente que la fe.

/

servido por swibel 3 comentarios compártelo

3 comentarios · Escribe aquí tu comentario

Erdosain

Erdosain dijo

Abuelas y huevos eran los de antes.
Antes de las prisas y los microondas.

En fin.

28 Febrero 2008 | 09:11 AM

ika

ika dijo

me ha gustado.
El sabor del huevo y el cariño de la abuela

28 Febrero 2008 | 12:35 PM

carlos

carlos dijo

Le he preguMtado a M, dado que no puede comentar, si le parecía bieM que dijera que M dijo aquello que finalmeMte M Me dijo que dijera.

EjeM, en resuMeM, M Me dijo que dijera:

"Me encantó lo del huevo de tu padre"

":-)))"

Gracias, M.

/

28 Febrero 2008 | 08:20 PM

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