La improbabilidad de salir volando de un autobús
Tomando vino.
Sentados a la mesa y mirando la misma pared mi madre me cuenta la siguiente historia:
“¡Dígame!... el bueno de Severiano..., tú no lo conociste, y que yo recuerde tampoco se habla mucho del primo en la familia. Hace tanto tiempo de aquello. Que yo recuerde era fotógrafo porque siempre iba con una cámara colgada al cuello. De esas enormes. ¡Válgame dios!, iba el pobre Severiano de un pueblo a otro –a hacer fotos de un partido de baloncesto– sentado tranquilamente en el autobús. ¡El destino!. Ya sabes, eran de esos autobuses que tenían el asiento largo de cuero -de color verde o vinotinto-. ¡Si!, de esos que tenían unos resortes grandes y duros por debajo. ¡Pobre Severiano!... y pobre el que iba a su lado también. Quién iba a imaginar que aquel peñasco de semejante tamaño les iba a caer justo encima del autobús... rompiendo el techo justo encima de Severiano. ¡justo encima!, ¡el destino!... es que cuando te toca, ¡te toca!... por delante se llevó primero al inocente que viajaba a su lado, y entró con tanta fuerza la piedra, que ésta lanzó a Severiano por los aires, saliendo el pobre... saliendo... por el mismito agujero que había hecho la piedra en el techo al entrar. Salió volando del autobús por encima del techo... una cosa que no se creería, pero es cierto... y el primo quedó allí tendido en el asfalto.”
Llegado a este punto, le digo a mi madre, muy serio, que esa historia es imposible. Y me sonrío a la vez que ratifico: “mamá, cómo va a haber salido alguien por el agujero en el techo de un autobús!”
Mi madre insiste que es cierto.
“Que si!,... el pobre Severiano estaba en el asfalto, lo dijo el chófer del autobús, y los demás pasajeros también... si es que no se habló de otra cosa durante años, cada vez que el autobús pasaba por aquel lugar.”
Pero duda.
Se rehace mirando la pared.
“A lo mejor salió por la ventana”
, dice.
Y yo me quedo callado, imaginando la escena como si fuera un filme animado. Imagino al bueno de Severiano sentado en un asiento de autobús, saltando por los aires por el contrapeso de una piedra. O rebotando por dentro del autobús hasta salir por una ventana.
“!Dígame!, y si fue que el chófer se llevó por delante a Severiano que esperaba en la parada... es que pudo haber pasado cualquier cosa... pero noooo, Severiano iba dentro del autobús... ¡pobre!”
Llegado a este punto, lo macabro de la anécdota se desdibuja y todo nos parece a ambos, muy gracioso. Cualquier cosa que le pasara a Severiano es risible. Y mis dudas y sus hipótesis no hacen más que echar leña a lo surrealista de la situación.
Lo digo de buen rollo, Seve.
Así que acabamos riéndonos, mi madre y yo, hasta saltar las lágrimas, mirando la misma pared y recordando al bueno de Severiano y su imposible vuelo por los aires desde el asiento de un autobús.
Ai, Seve, Que En Paz Descanses.
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Nuala dijo
Mi abuela Pepa también vio cumplido su deseo de volar gracias a un autobús.
Era una señora pequeñita y enlutada, de esas que llevaban siempre un moño blanco apretado. Como la bruja de Hansel y Gretel. Eso creía yo que era cuando la conocí por primera vez. Yo tenía seis años y no quería entrar en su casa, porque olía mal (con los años descubrí que ese olor era caldo gallego; era la primera vez que lo olía) y desde la puerta podía ver un puchero enoooorme en el fogón. Una bruja. No entro, no. Que es tu abuela. Que no, que es una bruja. Tiene bigote. Y le faltan muchos dientes.
Y así hasta que me arrastraron dentro. Por suerte para todos mi abuela no hablaba inglés, ni yo español.
El caso es que un día iba a comprar a la tienda de toda la vida y cruzó por el medio de la calle cuando pasaba el autobús. Y allá se fue volando hasta que cayó encima de otro coche, y de ahí al suelo.
Una bruja volando sin escoba.
Y es posible que hubiera pactado con el diablo. Murió varios años después, pero lo que la mató fue el Alzheimer, no el bus.
24 Enero 2008 | 02:41 AM