perdido
en un bar.
Una señora con las dos manos detrás de su espalda, y con tono de preguntar a un niño de 4 años, me dice: "¿Has perdido un monedero?"
Me apetece (me provoca) decir que sí.
- Sí, he perdido un monedero y por el tono sé que lo tiene detrás entre sus manos cruzadas, señora.
Pero le digo que no.
Me dice que lo ha encontrado en el servicio de señoras.
Le sugiero, sin reparar en en el nuevo giro de incongruencia en su pregunta inicial, que lo deje al chico de la barra.
Me dice que es buena idea y se va.
La barra está muy lejos, pero todo el bar se ve como si fuese un largo pasillo.
Repentinamente...
... entra una señora con cara de salir intempestivamente de un concierto de Pablo Milanés, y dice en voz alta: "He perdido mi monedero".
Me mira.
La miro.
Ella sabe que tengo una respuesta a su frase, como si la tuviese entrecruzada detrás de mi espalda a menos de un suspiro.
Le digo que vaya a la barra y pregunte al chico de la barra.
Mientras camina hacia el fondo, justo a la mitad, se cruza con la señora inicial. La de la pregunta inicial.
Justo en la mitad.
Llega hasta a mí, la primera señora, en el preciso momento en que la segunda señora (la de Pablo Milanés) llega hasta la barra.
Coreografía de bar y monedero perdido.
Se detiene a mi lado, y me dice que nadie ha preguntado por el monedero. Se queda de pie como esperando que ahora me diese cuenta de que había sido yo el que lo ha perdido, previo paso por el servicio de señoras.
No se por qué, pero lo digo que la dueña del monedero está al fondo reclamándolo en la barra al chico de la barra.
Se gira. Y mira a la señora, y no sabe si salir o si dirigirse a la barra.
Se va como un misíl a la barra.
No me lo puedo creer.
La segunda señora, viene con las manos desnudas.
Se cruza en la mitad con la primera y tienen un breve intercambio inaudible.
La primera va hacia la barra.
Todo es complicado, pero emocionante.
No he tocado mi café, ni mis huevos revueltos. Poirot de cafetería.
La segunda señora, llega hasta donde estoy y me dice que no era su monedero.
Lo debió perder en otro bar. Me dice que ni siquiera lo ha visto. Con saber que estaba en el servicio de señoras, le ha bastado. Ella no ha ido al servicio en toda la mañana.
No ha ido al servicio en toda la mañana. Es lo que tiene escuchar a Pablo Milanés.
Entra el que parece ser el esposo de la segunda señora y le pregunta por el monedero.
¿Será Pablo Milanés este señor?
Ella le dice que hay otro monedero perdido pero que no es el de ella.
El que parece ser su esposo (QUe podría ser Pablo Milanés), me mira, como calibrando la idea de decir a su presunta esposa que mienta y que diga que es el suyo.
Ella no ha ido al servicio le digo con los ojos.
La primera señora viene de regreso, inquieta y un poco decepcionada.
"¿No es suyo el monedero?", le suelta a la segunda señora.
(...)
Esa sensación de "dejavú" ya la he vivido.
Los bares de hoy dan para mucho. Y más si son alargados como un pasillo.
Mientras sorbo el café, me basta saber que para todos ese monedero está perdido, pero no para mí.
Poirot de cafetería.
Nuevamente, resolvemos el caso antes del desayuno.
¿Sabéis dónde está el monedero?
Os lo diré...
Está en el fondo del bar, con el chico de la barra del bar.
¿¿No es emocionante todo esto??
/
M dijo
Leo y leo, y lo único que me gustaría saber es cómo es esa cara de haber escuchado a Pablo Milanés.
31 Diciembre 2007 | 07:35 AM