Ngo

Ngo sube al cayuco con su árbol. Un árbol grande. Frondoso.
Sabe lo que va a echar de menos, y lo lleva con él. Sobre su espalda.
Después del viaje, Ngo, lo primero que hace es tumbarse bajo la sombra de un árbol. De la otra orilla.
Ngo respira plácidamente, mientras los demás corren, saltan, buscan manos.
Debajo de la fronda, Ngo recuerda cuando fue niño. Fue niño al nacer. El octavo de siete niños.
Ngo se suponía que sería una niña. La niña por fin, pero nació niño. Todos lloraban, al verle. No es una niña, decían.
El abuelo de Ngo, que tenía una carpintería debajo de la casa de su hija, ni siquiera subió a verle.
Debajo de un árbol lo dejaron y Ngo siendo niño, creció viendo la fronda.
Tumbado plácidamente, en la otra orilla, Ngo descansa y se siente como cuando era niño.
Todo debajo de un árbol.
Frondoso.
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Extracto de los relatos invisibles de Ngo.
