La Coctelera

Swibel

5 Noviembre 2007

Una historia que bien vale una caña.

Ayer tuve un pequeño incidente.
Circulando muy despacio, buscando dónde aparcar, causé que los dos coches que iban detrás de mi tuvieran un accidente. Era domingo, por la tarde, hora de la siesta, y que por esa calle no suelen ir muchos coches.
Por ello, estúpidamente, prescindí de mirar por el espejo retrovisor izquierdo. Puesto veo, puesto quiero.
A un idiota lo devuelve a la realidad una bocina.
Y... también fue estúpido por parte de ambos coches, intentar adelantarme por la derecha al doble de mi velocidad, pero esa suma de estupidez (global y momentánea) no cuenta demasiado para mí.
Soy idiota.
El asunto se solucionó con no pocas voces, dientes apretados y portazos.
Pero la conclusión es contundente. Soy idiota.

Pedí sinceras disculpas, dejé mi número de teléfono, nombre con dos apellidos, matrícula, nombre de aseguradora y mi absoluta disposición.

A mi coche no le pasó absolutamente nada, y la verdad es que me marché convencido de que no me llamarían. Sin embargo, el resto de la tarde, instalado en la comprobada condición de idiotez, pensé que es hora de que arregle el espejo retrovisor izquierdo, me plantee vender el coche y dejar de conducir.

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1 comentario · Escribe aquí tu comentario

yocreoquesi

yocreoquesi dijo

Yo acabo de aprender a conducir. Ayer me fui a pasar el dia al monte !!! Delicias de tener vehículo. Algunas veces mola mucho !!!

5 Noviembre 2007 | 11:43 AM

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