La Coctelera

24 Septiembre 2007

Una historia (demasiado rara y sin importancia) que no sabría contar en la sobremesa

Me gustaba Marillion.
Un poco por el nombre, un poco porque en un par de ocasiones la respuesta a la pregunta “yesoquees” había sido Marillion y un poco porque le daba algo de culturilla a mis irremediables contenidos poperos.
Esos que habían echado raíces dentro de mi, entre pedal y pedal.
Quiero decir con esto último que el lugar dónde más solía escuchar música durante el día, era sentado en el estrecho sillín de mi bicicleta y atando mis oídos a un antiquísimo y gastado walkman de sony, de esos de pilas AA que en lo que se gastaban hacían una especie de “guuuuoooo, wuuuuoooo!” en cámara lenta
Peter Gabriel y su inolvidable sledgehammer ralentizado.

El Sony lo tengo aquí a mi lado, y apetece hacerle una foto y contar alguna batallita de cómo ha sobrevivido sin hacer de ataud de una pila alcalina.

Pero hoy, que yo venía a hablar de Marillion.
De Marillion y de mi amigo Henkel.
Un fan verdadero y sincero de Marillion.
Qué puede haber mejor en el mundo que un buen amigo culto (y cultivado) para un avenido como yo en un tema espinoso como pedir consejo sobre qué escuchar de Marillion y cómo hincarle el diente a tantísimo rock sinfónico.
Sin embargo, Henkel siempre se mostró reacio a recomendarme nada y prefería ir poniendo cintas en su coche a ver si alguna pista lograba alcanzarme.
Y una tarde, entre problemas no resueltos de mecánica de fluidos, sucedió.
Una pieza captó mi completa atención.

- ¿Me puedo quedar con esta cinta?
- Si. Pero me la devuelves en un semana, que es mi mejor recopilación de Marillion.
- No te preocupes.


Swibel pequeñisimo trajeado de rojo: (JA! ¿Has dicho no te preocupes?)
Swibel pequeñísimo trajeado de blanco: (joooooo!, yo no digo nada!)

Henkel presiono un botón del panel del coche y la cinta salió perfectamente del reproductor. Nunca había visto un cinta como esa. Era plateada en mate, muy ligera y enunciaba unas siglas más propias de un cohete espacial que de una cinta musical. UX-S90High Bias70usEQ Superfineuniaxial.
Yo, acostumbrado a las TDK de usar y tirar, me sentía como un santero cubano pidiéndole una sagrada cabra tibetana al Dalai Lama.
Para hacer un rito satánico.

Así que decidí escuchar la cinta en mis salidas con la bici. Sudando, con las manos llenas de grasa, de partículas de asfalto, dándole la vuelta una y otra vez. Hasta que lo único que se leía de las siglas era: U____H____________ia___ia_
¡UH, ia, ia!

La cinta estaba perdiíta, perdiíta.

Pensé: “Bueno, la regrabo y ya está”

¡UH, ia, ia!

No señor. La cosa no iba a ser tan sencilla.

Tanteo, búsqueda, súplica, insomnio, extorsión, engaño, exceso, despilfarro, espera, amenaza, alegría, esperanza, falsificación, maña mecánica, destapado, desprecintado, trasvase, atornillado, pegado sigiloso, entrega perfecta, negligencia amiguil, excedente, resguardo no utilizado, historia musical, Marillionfobia.

De las tres cintas vírgenes que venían en el carísimo paquete venido de ultramar y recogido en la aduana de un maloliente puerto, una fue para Henkel, la otra me sirvió para completar un pago inesperado y la tercera quedó guardada en una caja de metal esperando un recopilatorio especial que nunca llegué a hacer.

No creo que la abra nunca.

/

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1 comentario · Escribe aquí tu comentario

M

M dijo

Es una historia (demasiado rara y sin importancia) que no sabría comentarla.
Es que la contaste tan linda che.

24 Septiembre 2007 | 07:27 PM

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