Destellos guardados e inoxidables
Le compré una bici a Mauro, tres años antes de ser amigos.
Una casualidad, con retraso de varios años.
En la universidad según íbamos conciéndonos, pude comprobar que él no recordaba haberme vendido una bicicleta roja.
Y yo ya no la tenía. La había vendido.
Pero fui atando cabos. Lo fui haciendo por referencias peregrinas y cambiando los temas de tiempo en tiempo.
Realmente él no se acuerda de ese hecho.
Y la verdad es que a mi me llevó algún tiempo conectar los acontecimientos y decir: ¡eureka!
El caso es que no se lo he contado nunca a Mauro.
Lo he dejado sumido en la dulce ignorancia.
Me he ahorrado contar la curiosidad ocurrida.
El acontecimiento raro.
No entiendo muy bien por qué, pero viene a ser de esas cosas, que de "esta manera" suelen durar mucho tiempo y de la otra (decírselo) crearía un punto de emoción interesante, pero que se difuminaría con el tiempo y perdería todo sentido y nitidez.
Tengo varios de esos, en la mochila.
No sé muy bien por qué.
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yocreoquesi dijo
Asi es el secleto de la cloqueta... que bonito.
27 Julio 2007 | 01:23 PM