La Coctelera

Swibel

8 Junio 2007

Ajedrez 2007 – 1. xx (juegan las blancas)

Guardo desde hace años un ajedrez que me regaló mi padre.
Recuerdo que lo compró en un viaje que hizo a Toledo y en mi memoria viene a ser algo así como “mi primer regalo serio”. Nada de cochecitos, comics o caramelos. Así que recuerdo perfectamente la lección que me dio sobre cómo cuidarlo, lo bello y especial que era el acabado del tablero, lo sofisticado respecto a otros ajedreces más vulgares y su frase resumen que aquello era como darle un Ferrari a un chico que reparte pizzas a domicilio. Sobre como se movía el caballo, el peón, el alfil o la reina no dijo ni “mu”.

Así que lo guardé y seguí jugando con el lego y mis robots articulados.

Un día una vieja tía, de esas que venían a casa desde muy lejos a pasar una breve temporada de visita familiar, me enseñó a jugar al ajedrez. Y recuerdo que lo hizo estupendamente. Tenía mucha paciencia, y parecía reconocer el momento oportuno para hacer una sugerencia a su enemigo (yo) sin causar una debacle entre sus filas. Me pasé aquellos días de su breve estancia desafiándola a pequeñas batallas y aprendiendo un poco más sobre cómo jugar sobre aquel tablero tan sofisticado. El nombre de aquella tía, no lo creeréis, era Reina.

Al marcharse ella, me quedé sin enemigos. Y lo que vino después fue una sucesión interminable guardar aquel tablero luminoso, y jugar ferozmente al ajedrez por temporadas y volver a guardarlo en una caja al desaparecer los enemigos. Una y otra vez, yendo conmigo, en cada mudanza, en cada salto, en cada movimiento, sin buscarlo en realidad, sin llevarlo a cuestas como una pesada carga o protegerlo como un tesoro valioso, simplemente ver que sigue allí, pensar que no pesa mucho y comprobar las cicatrices que rasgan el tablero. Sin mucha preocupación, sin excesivo cuidado.

Y sin embargo, creo que es el único objeto verdadero que conservo intacto desde mi infancia y que está a un “estirar el brazo” de distancia.

Desde hace días me ronda la idea de sacarlo, desdoblar el tablero, ordenar sus piezas, comprobar si el Caballo sigue teniendo ánimo para saltar en “L”, si el Alfil negro sigue siéndolo, si el Rey sigue tan controlado y zen, si el Peón sigue idealizando la octava casilla, si aun recuerdo cómo se gana perdiendo a una Reina.

Y sobre todo, preguntándome, si a alguien le apetece jugar una partida.
Aquí mismo.
Con imágenes.

Con paciencia.
Empezando pronto.
Yo con las negras.
Al que le apetezca,...
... con las blancas.

(o lo guardo, en un pis-pas)

/

servido por swibel 6 comentarios compártelo

6 comentarios · Escribe aquí tu comentario

carla

carla dijo

Es muy tentador, yo, jugaría contigo encantada, porque me gusta mucho-muchísimo todo llo que dices y estoy segura de qu jugar a algo contigo debe ser igual de bueno. Pero no sé, no sé ni donde van colocados los peones. mi padre tampoco me enseñó

8 Junio 2007 | 08:39 AM

nadie mueve pieza

nadie mueve pieza dijo

Venga.
Peón 4 alfil dama.

8 Junio 2007 | 10:43 AM

Eride

Eride dijo

Jo, tio, que es viernes... ¿te hace un parchís? ¿contamos estrellas?

8 Junio 2007 | 11:24 PM

Eride

Eride dijo

En número no, que me canso. Digo que me cuentes la historia de alguna.

8 Junio 2007 | 11:26 PM

swibel

swibel dijo

vaya salidita la de nadie... bien... a ver qué hacemos para seguir la partida... mañana novedades!

/

11 Junio 2007 | 08:30 AM

swibel

swibel dijo

carla, gracias por el comentario.
lo había olvidado, con tanta movida ajedrecística, y viendo el tablero me he acordado.

/

12 Junio 2007 | 03:12 PM

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