Volviendo a Kinkela

La vida es hacer un malabar. Me abstengo de usar el plural porque aun no puedo con dos bolas. Mucho menos tres. o cuatro. o cinco. o seis. o siete. o cho.
Hablar de malabares no es cosa frecuente por aquí.
En cambio de malabaristas vamos servidos. Y quien escribe, está encantado de que así sea. Porque hablar de malabares es perderse un poco. No saber cuál es el punto de referencia. Lo cual tampoco está mal; pero cuesta tiempo y neuronas reaccionar. Y para muestra un botón , y otro , y otro más. Esto es lo que, inevitablemente, sucede al malabarear.
¿Dónde estábamos?
Ah!, en los malabaristas que vienen y van por estos lares.
Por ejemplo Segismundo y Sophi *.
Te contarán algo la escuela de circo de la Casa de Campo en Madrid.
Te explicarán que en el semáforo más cercano a Plaza Castilla,
el de la izquierda, es el último y
el de la derecha es el primero.
Aprenderás a contar mentalmente los segundos
que dura el primer semáforo de Castellana
y a subdividir ese tiempo entre hacer los malabares y
pasar con mucha gracia y educación,
el sombrero.
Tres euros por función si el público es generoso.
Mejor por la mañana que por la tarde.
Tres amigos más en los semáforos de abajo.
Hoy la cosa no va muy bien,
así que ellos ensayan y yo hago fotos.
Concluir que el semáforo no es muy bueno
y despedirnos.
Así no hay quien pierda un bolo, o una bola, o una castaña, o un malabarista.
/
*(nombres ficticios para preservar su intimidad)



lacrisalida dijo
YA NOS HEMOS ACOSTUMBRADO A ESTOS PERSONAJES TAN FRECUENTES EN LAS ESQUINAS DE LOS SEMAFOROS... Y ES MUY VALORABLE!...
ME ENCANTO TU BLOG! MIL BESITOS
18 Abril 2007 | 12:14 PM