Un naranjo en el mismo lugar de siempre (12 min)

Plaza de Oriente
10:47 a.m.
Sonido levemente atronador, de relámpago pequeño y sin luz.
Desde el cielo cae una vespa naranja (cuyo motorista es un hombre con largas patillas y semi-calva con largas entradas) unida a un sidecar del mismo color (cuyo tripulante es una mujer de los años 60 –pero sin llegar a serlo al 100%- y gafas oscuras grandes).
Han bajado a una velocidad vertiginosa, pero justo antes de estrellarse como una naranja que cae del naranjo, se han mantenido brevemente en suspensión antigravitatoria y se han posado con suavidad sobre el adoquinado que adorna el porche del Palacio Real.
Sonido runruneante que cesa. El motor que se apaga. Una brisa en remolino cae rezagada desde el naranjo. Íntima turbulencia que apacigua a los extraños visitantes. Y también a los que observan el inusual descenso.
Yo no salgo de mi asombro. Saco mi cámara y hago fotos a 84 clics por minuto. Me hago mil preguntas, mientras el hombre de las largas patillas hace una sola (pregunta) a su amiga de los años 60:
¿Te apetece churros con chocolate o con café?
El resto de viandantes transitan como si nada. Se oye una voz a mi espalda:
“¿Una vespa naranja con sidecar frente al Palacio Real?; cosas más raras se han visto, jomío” – me dice con rentintín un acordeonista rumano (en perfecto acento madrileño).
Un acordeonista que también ha aparecido por este blog.
Voy creyendo que el único lugar de Madrid que existe en este blog es ese que, ya conocemos usted y yo, estimado lector. Venga pronúncielo con los labios haciendo oes, pero sin emitir sonido:
Plaza de Oriente
10:59 a.m.
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M dijo
Esas, y sólo esas, son las únicas preguntas trascendentes y trascendentales.
13 Enero 2007 | 06:15 PM