Regateo
Me gusta regatear.
Os cuento el por qué si me dejáis 50 ó 60 comentarios.
30, 15, 5, 59, espadachina, 31, 45, 20, Quijote, 40, abueladeshere, peruanoestafado, 50, 25, inevitable, cuartoymitad, 26, amoralarte60, trece, 45, 40, 45, santiamén
Todo es negociable.
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Actualización: El por qué me gusta regatear
Desde hace tiempo quería escribir sobre el regateo, pero no sabía cómo abordar el tema; porque en realidad me gustaría exponerlo como algo que va un paso más allá de una mera transacción mercantil. Y si, estimado militante de greenpeace, tengo algo que decirte: puede ser muy romántico regatear.
Aquello que comúnmente suele conocerse como el regateo puede ser, en algunas cabecitas, un símil de dos personas que corren presurosas a darse un abrazo en algún punto que existe entre los dos.
Veamos los por qué´s...
Me gusta regatear, porque ante todo es un problema a resolver. Un problema que no existe, pero que está ahí: acechando en el quiosco, en el mercadillo medieval, en el mandarín con carruaje que te espera a la salida del aeropuerto de Xian. Es como una partida pequeñita de ajedrez, que tiene sus aperturas más o menos conocidas (ayyyyy!, que cosa tan, tan, pero tan, tan bonita), y que a su vez, también permite improvisar (tengo unos siete de estos Lobitos en casa, pero...).
Me gusta regatear, porque hay gente que está entrenada en ello. Y es bueno echarles una mano. Como a mi hermana pequeña, cuando intentaba hace años, vender unos llaveros hechos con cordones de zapatos. Eran una cosa tan, pero, tan, tan, tan bonita. Eso si, todos en la casa con los zapatos hechos unas zapatillas. Pero el meollo está en que efectivamente, el objeto (los cordones reconvertidos en llaveros), pasaba a ser una cosa secundaria, para dar paso a una especie de servicio público que viene bien a las dos partes. Una catarsis de ida y vuelta. Diez minutos de sano regateo, el pagar con una limonada por mis propios cordones, y esa sonrisa de mi hermanita. No está mal el trato.
Me gusta regatear desde que una vez escuché a mi tío Luis, regateando por el periódico del domingo. ¿La razón?, porque ya era casi de noche. Y tenía sentido no pagarlo al mismo precio que si fuesen las siete de la mañana. Tenía sentido.
Regatear, como decía mi abuelita, es una cuestión de oportunidad y cadencia en el tiempo. No es bueno regatear por mucho tiempo, ni malgastar las palabras y el espacio innecesariamente, porque entonces alguna de las dos partes (en caso de que se diese la aburrida situación de que fuesen sólo dos los participantes del regateo) se cansa y sucumbe. O lo que es peor: abandona.
Regatear puede ser una cosa familiar. O no.
Me gusta regatear, con sentido profesional, desde que empecé a comprar libros repetidos debajo de un puente que congregaba a los mejores libreros de segunda mano de la aldea donde vivía. Iba allí con algunos títulos en mente y el dinero justo en mi bolsillo. Encontrar un libro que ya tenía (Siete Lobos Esteparios he llegado a comprar) era abrir el espacio para probar a tensar la cuerda sin querer realmente hacerlo. Y pensándolo mejor, es tensar la cuerda del otro, manteniendo la propia en su justa tensión. Nunca floja, claro está. No es lo que haría un buen Harry o un buen Lobo de la estepa.
Me gusta regatear porque hay que llegar al final siempre. Porque una vez que se empieza, aunque nos vayamos por las ramas, y aunque utilicemos las mismas palabras de nuestro interlocutor (si tenemos la mala fortuna de regatear sólo con una persona), siempre llega el momento de la contundencia. Y aunque no tengamos muy claro cuál será el precio final, si que sabemos a conciencia que regatear puede ser una experiencia divertida que paradójicamente acaba con una entrega o rendición.
Y finalmente, creo yo que regatear, es la única manera de congregar a siete lobos esteparios, a la mitad usurera de tu familia, a una panda de buenos regateadores, a unas cuantas frases hechas sobre el regateo y salir satisfecho, orondo y lirondo, para regresar tranquilo a casa pensando que nos han dado bastante más de lo que hemos dado nosotros y que desde un principio no teníamos ni idea de en qué punto nos íbamos a dar todos un fuerte abrazo.
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maria dijo
Pues a ello!
Siempre me quedo pillada con tus tags...
Besitos.
15 Diciembre 2006 | 08:56 AM