El azar y el jugar

Escena 1.-
Imagino a un hombre que entra en una cafetería, pide un café con leche y se queda mirando fijamente el número del billete de lotería que se juega en ese bar. ¿Apostamos a que es un bar o una cafetería?. Mira con concentración esa hoja de papel gastado que imita a un billete (pero en una ampliación granulosa en blanco y negro), y que normalmente va pegado sobre un espejo gigante.
Imagino entonces, que aquel hombre dice:
"oh!, ese número saldrá premiado!!!".
Y su voz apunta al dueño del bar. ¿O cafetería?
Y los ojos del dueño del bar refulgen de emoción e invita el café al neohombre vidente de los números que acaba de tener una repentina y sonora premonición.
Del otro lado de la barra, se levanta un hombre que sabe de juegos. Se sonríe y se marcha. Nace un recompensa que va más allá de un café.
Que acierto al primer premio.
Aquel hombre (el primero que imagino) sale de la cafetería (¿qué apostamos a que es un bar?), y a la mañana siguiente entra en otro. Y la mañana siguiente en otro. Y en otro. Y dice siempre lo mismo. Actúa en consecuencia con la numerología sobre el espejo. Entra en todos los bares y cafeterías de la ciudad. Y los mismos ojos brillan. Y el mismo café es convidado.
Y juega con eso. Juega, juega, juega.
Porque, querido jugante, esta historia va de jugar.
Y de apostar por los que juegan, para siempre ganar.
***
Escena 2.-
Sólo he ganado una cosa en mi vida, apostando o jugando: un ventilador color naranja marca magefesa; que sorteaban en una radio local del pueblo de mi abuelita. El primero que fuese la llamada número 15 sería el ganador.
Llámame, por favor, Sr. número 15. Mi hermana en la casa del vecino era la Srta. 14.
El ventilador se lo quedó mi abuelita, lo que es igual a decir que "se lo regalé caballerosamente". El teléfono lo pagaba mi abuelita.
Pero debo confesar que a la semana me lo cargué "sin querer" jugando a los molinos de vientos de propulsión a chorro.
Jugar, es lo que tiene.
Desde entonces, no he ganado nada en los juegos de azar.
***
Escena 3.-
Del otro lado del azar, los números consideran como una cosa fatalista el salir premiados. El saltar a la palestra, el traspasar esa delicada barrera de ser un número anónimo y poco encumbrado (modesto y singular) a ser una celebridad rodeada de serpentinas y confeti.
No hace ni pizca de gracia, a esa hilera de números concatenados, el ser un salto del destino de nuestra atronadora fortuna.
Benditos sean, los no premiados.
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(V) dijo
dvkjbkabhn-z.,xomtjl3ftcxkx5n90hdkcbweñvjkg4 kdf4ugovh4!!!!!!!!!! me cago en mi calavera!!! q has vuelto y yo no me entero!!!! seré perra!!!
30 Noviembre 2006 | 10:34 AM