La bailaora, la japonesa bailaora... y tracatrá
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Lo veo y no lo creo. Sobre las tablas, la primera se levanta, la del levante, y taconea como si en ello se le fuese la vida. La segunda le sigue, y se pone de pie, la del poniente, la del té rojo, y entonces da palmas como si aquello le diese vida.
Y la Camino que dice “Ole”.
Se funden las dos entre giros naranjas, que no sabía yo que podían hacerse, y se transmutan sus caras, y envejecen, para hacerse muecas de viejecillas que se entienden sobre las tablas, y en un instante la del poniente se sonríe y se entrega al que rasga la guitarra.
El hombre que todo lo sabe, es el que toca la guitarra. Y a ese hay que temerle. Porque tiene ritmo y compás, mientras pasa su mano por las cuerdas, pero si para... oh!
Y la del levante, acompaña al que se rasga la voz.
El hombre que todo lo cuenta, es el cantaor. Y a ese, a ese, hay que adorarle. Porque tiene calidez y aturdimiento, y entre una y otra cosa te mece hasta dormirte.

Así que he pensado, muy alegre, en el hombre que todo lo sabe y en el que todo lo cuenta, y en las dos que bailan para acompañarles. Y me gusta que se junten y que lo saquen todo allí delante.
Ole, ole, ole.
Sentado, en el borde de una tarima, con la mano apoyada en la cien, doy palmas pequeñitas sobre una cicatriz que tengo en mi cabeza, y hago una ráfaga de fotos con la otra mano,...
...una ráfaga de nada, comparada con el vendaval que ocurre delante de mí.
Y tracatrá!
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Sá dijo
Caramba, eso no lo habría dicho de ti. Bicicletas sí, pero flamenco?
23 Noviembre 2006 | 04:22 AM