EZEIZA

El viaje empezó realmente en EZEIZA. Tocar tierra y dirigirnos a la zona de equipaje era equivalente al alunizaje de Neil Armstrong y su combo. Era como si caminásemos por aquel aeropuerto a sabiendas de que todos estaban informados de lo que estábamos a punto de emprender. Las espaldas rectas, los muslos afilados, la cara de “y espera a que veas salir mi bicicleta embalada de la cinta de equipajes”. Y efectivamente, de la garganta de metal ver salir una CIGNAL azul y una SPECIALIZED roja, envueltas en bandas de goma y con las llantas fuertemente atadas al esqueleto de aluminio y acero.
Y levantarlas con un solo brazo, cada uno. Y casi echárnoslas al hombro de un único y conseguido movimiento. Pero no. Lo mejor estaba por llegar.
Armstrong y su combo, tenían que armar las bicicletas con precisión milimétrica delante de todos los mortales que venían con nosotros en el avión. Todos aquellos que esperaban taxis o coches familiares, casi sin respirar de la curiosidad o el asombro.
Armar las bicicletas en mitad del vestíbulo de EZEIZA y montar las cadenas sobre el piñón delante de la parada de taxis... eso es cosa sólo de hombretones.
Y mirar a todos desde una altura equivalente a la torre de control de EZEIZA y simplemente preguntar con la mirada: “¿por aquí se va a Mar del Plata?”. Que equivocados. Que arrogantes.
Directamente debimos preguntar si por aquí se iba a Bariloche.
Pasados los años, la humildad regaña esos momentos de tanta ambición y estas historias, hoy en día, se cuentan sin tanta emoción y velocidad. Pero lo cierto fue que, ciertamente, salimos del aeropuerto de EZEIZA sobre dos bicicletas,... rumbo a Mar del Plata.
Rumbo a Bariloche.
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(V) dijo
POR FIN???"""!!!!!!1 NO ME LO CREO!!!! POR FIN??????
QUE BIEN!!!!!!!
31 Marzo 2006 | 09:23 AM