Bi - furca - ión
Hay cosas que mejor de dos.
Una foto, una canción.
Lo visual y lo visual.
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18 Noviembre 2009
12 Noviembre 2009

- ¿Te acuerdas que casi nos matamos bajando por aquellas calles?
- Pues, a decir verdad, no.
- Que iba yo con unos patines en línea, como si estuviera esquiando por los alpes suizos y cuando iba a una velocidad endemoniada no sabía ni cómo iba a frenar, y entonces tu te acercaste con la bicicleta, te pusiste a mi lado, y yo me sujeté del sillín y tú fuiste frenando poco a poco, pero entonces se acercaba el semáforo por donde iban cientos de coches a 100 por hora, y no podías frenar de golpe, porque nos matábamos, y nos saltamos el paso de cebra, la bici se desestabilizaba, y ya veíamos a la pelona con esos dientes pelaos, y los coches a un milímetro de nosotros, y tuvimos que poner pie en tierra, y... me salvaste la vida.
- Joder, pues no me acuerdo de nada de eso. Que bien, entonces te salvé la vida...
- Increíble que no te acuerdes...
- Tendrás que pagar las cañas, ¿eh?...
- Mmmm, tampoco te acuerdas que casi nos matamos con tu Mustang, ¿no?
- Pues, a decir verdad, y creo que me repito... no.
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10 Noviembre 2009
Vuelve de aquí, para allá. De allá para acá.
Con ustedes, Kevin Johansen.
Ahora mismo, probablemente, en 15 coches que circunvalan la m30 se escucha a este señor. Si señor.
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26 Octubre 2009
Cuando tú...
Cuando la palabra tú, son dos, ocurre algo singular.
Cuando la palabra tú, son dos, una es la "t" y otra la "u".
Cuando la palabra tú, son dos, que no haya preguntas de la él, ellos, vosotros, ellas,...
Cuando la palabra tú, son dos... yo no soy na´.
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18 Octubre 2009
15 Octubre 2009
14 Octubre 2009
8 Octubre 2009
Con los ojos cerrados bebo el último trago de café en la cocina.
El viento se remansa contra la ventana a mi izquierda, por la mañana. Y se queja.
Por la noche, en otra casa, lateralmente sobre otra ventana, el viento entra de golpe y me refresca el cuello. Y mientras miro con el rabillo del ojo (a la ventana), se enciende la luz de la finca de alguien que entra. Y se oyen los pasos, pero el viento no deja de soplar. De entrar. Sube por la escalera. Y los pasos se entrelazan con el viento. Pasa por el patio interior, se oyen las baldosas bajo sus pies, luego la madera, luego la puerta... y entra primero el viento para salir por la ventana de la otra cocina.
5 minutos después, voy con el viento en la espalda subiendo por Castellana, rumbo a mi cocina, mi ventana y mi viento atarascao que refunfuña por las mañanas.
No otro.
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