
"... donde veo bicis, allí me meto. En el pueblo tengo una bici de hace unos 30 años... mmmm... (se besa los dedos indice y pulgar)... una joya... yo mismo le monté las... las... ¿cómo se llaman?... las... las... (señala con el índice aleatoriamente) ¿manijas?... ah, eso: manetas... de esas de hace 30 años, ¿sabés?... tú no habrías nacido (me pone la mano en el hombro)... me encantan las bicis, si señor (me quita la mano del hombro). Y te he visto aquí, y me he dicho, éste tiene que saber cómo montar un motor eléctrico (mueve la cabeza alrededor, como buscando un motor eléctrico y alguna respuesta)... porque ya tengo una edad, sabes... aquella bici del pueblo, como iba yo, como un chaval... pimpampum (imita a un ciclista, pero sólo con las manos)... le arreglaba todo... sobre todo ajustar las... las... (manos en el aire indecisas)... eso que te he dicho antes... las... las man... eso!, manetas (índice apuntando a mi cara)... pues eso. Que cuánto me sale un motor para la bici, tú que sabes de estas cosas modernas... (manos en la cintura)..."
- 395 euros el motor más económico con una calidad aceptable.
"¡Me cago en dios!
(mano sobre la cabeza)"
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Dejo encendida la radio, cierro y en 76 pasos estoy en la ferretería.
Entro y tienen puesto Mundo Babel, también.
De repente, me pregunto por qué me sorprende que no suene sólo en mi radio.
La vida mono-empírica que llevamos.
Pido dos tornillos, dos tuercas y al regresar, me sorprende lo contínua que va a ser la mañana.
Que no me olvide de mencionar la connotación de la libertad que rodea a la manzana.
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http://www.myspace.com/music/player?sid=42621532&ac=now
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Las aprieto en mi mano con fuerza.
Antes de entrar.
Antes de salir.
Las llaves de casa y el ascensor.
Como queriendo ahogar el previsible accidente.
El pretérito "Zas" entre la rendija.
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Me entran ganas de pan y café, simultáneamente.
Salgo, cierro la puerta con llave y en unos 15 pasos estoy delante de la panadería de Flor.
Entro.
- Hoy... hoy me apetece una barra de mediterranea!
- Pues esa es la que más me gusta a mí... como huele!
- Y de aquí voy a ver a César a por un café... ¿te traigo uno?
- Pues no... yo es que soy más de la cafetería de aquí atrás.
- ... está bien hecho el café de César.
- Ya... pero es que una vez entré allí, y se me atragantó la tostada y le pedí más café...
- ... (ambos pensamos en café)
- Y no quiso. Así que desde entonces sólo lo tomo en el de aquí detrás.
- ... (el olor a pan casi puede oírse)
- Y es que el café de César lleva muy poco café... mitad café... mitad espuma...
- ... (el olor a pan me llena hasta los huesos)
- Todo espuma... ese café...
- ...
- Aunque (aquí hace una pausa de enorme añoranza) a mi me gusta la espuma del café, también...
Aquí se puede ver a Flor, tomando su primer café con espuma, leyendo la palabra macchiato en un viaje figurado a San Remo, mirando las espumas de otros cafés, mientras espera el suyo, espuma de café de hace siglos, de hace años, de hace minutos... hasta que sube los ojos y me da el cambio.
- Adiós Flor...
- Adiós...
Paso por delante del café de César...
Le saludo.
Sigo.
Doy la vuelta a la manzana hasta la cafetería de detrás.
- Buenos días, me pone un café!
Y el olor a pan empieza a llenar todo el espacio, como la espuma.
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- Al final, todos en la misma cajica.
- ¿Y las blancas?
- Somos mayoría
- Somos mayoría
- Un grano de arroz, dos granos de arroz...
- Y a esto ¿hay que aprender o sólo mirar?
- El tablero importa
- Yo es que soy más de dominó
- Yo es que soy más
- Yo es que
- Yo
-
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Hace años, entramos en la tienda del Reina Sofía juntos, pero nos separamos nada más cruzar el umbral.
Habíamos hablado por horas, unas horas antes, y unas horas después, cruzamos un umbral para quedarnos callados.
Nos cruzamos, sin umbral, una vez dentro de la tienda. Y ni de reojo me miraste.
Ni de reojo te miré.
En sentido horario recorría yo lo que había detrás del umbral y en sentido antihorario lo recorrías tú.
50% de un reloj invisible que nos arrastraba despacito de 12 a 6.
Y mira que unas horas antes, si que había reojos. Y multiojos. Multipalabras. Multiletras.
De vuelta en la tienda ocurrió un algo fechneriano.
Compré a escondidas lo mismo que tú compraste.
Ni de reojo, ni cuenta, ni de vueltas te percataste de mi acción detrás del umbral.
Y hablamos durante horas, días, semanas, meses, años... y por aquí tengo lo mismo que compraste.
A ratos me he acordado de contarlo y a ratos no.
La revelación de todo este asunto, es que no sabe la mayoría, cuando hacer visible lo invisible.
Contar.
En sentido horario o antihorario.
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http://snd.sc/zIq58A
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Si los ochenta volvieran,...
... a ver quién no se mete en ellos.
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